Por GONZALO P. ESCARAY | Abogado penalista
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Por GONZALO P. ESCARAY | Abogado penalista
El uso de aplicaciones de citas como Tinder ha transformado la forma en que las personas se conectan. Sin embargo, también ha dado lugar a nuevas modalidades delictivas, como la extorsión basada en amenazas tras el intercambio de fotos íntimas. Esta forma de delito ha ganado notoriedad por el impacto emocional que genera en las víctimas, y las investigaciones recientes revelan que redes organizadas están detrás de estas maniobras.
El esquema delictivo sigue un patrón premeditado. Primero, la víctima es contactada a través de una app de citas, donde la conversación rápidamente adquiere un tono íntimo. Posteriormente, se solicitan imágenes o videos de contenido sexual. Una vez obtenidas, los extorsionadores revelan su verdadera intención mediante la suplantación de identidad: por ejemplo, afirman ser menores de edad y amenazan con realizar una denuncia a menos que la víctima transfiera una suma de dinero.
El objetivo de esta estrategia es claro: manipular mediante el miedo y la confusión. El temor a ser denunciado o expuesto públicamente lleva a muchas víctimas a ceder y realizar transferencias para evitar conflictos legales. Sin embargo, satisfacer las demandas iniciales no garantiza el fin de la extorsión; al contrario, los delincuentes suelen exigir más pagos.
Recientemente, se realizaron allanamientos en la cárcel de Olmos y en Lomas de Zamora, donde fueron aprehendidas cinco personas y se secuestraron diversos aparatos electrónicos. Estos operativos demuestran que este tipo de delitos son llevados a cabo por grupos organizados, quienes operan desde múltiples dispositivos y cuentas para mantener el anonimato, maximizando su capacidad de intimidación.
Desde una perspectiva jurídica, es relevante señalar que, si existe un engaño respecto a la identidad o la edad de la persona con quien se interactúa en una app de citas y, bajo esa falsa premisa, se envían imágenes íntimas, no estaríamos ante un delito. Además, plataformas como Tinder requieren que sus usuarios sean mayores de 18 años, lo que establece una presunción de capacidad legal en las interacciones.
En cambio, sí se configura el delito de extorsión cuando los agresores exigen dinero a cambio de no denunciar o no difundir las imágenes. Por eso, ante situaciones de este tipo, lo fundamental es no realizar transferencias. Ceder a las amenazas solo incentiva a los extorsionadores a seguir exigiendo más. Lo más recomendable es denunciar de inmediato ante la fiscalía correspondiente, lo cual es clave para activar la investigación y garantizar la protección de la justicia.
Combatir este tipo de extorsiones requiere no solo la denuncia inmediata, sino también una mayor conciencia sobre los riesgos al compartir contenido íntimo en entornos digitales.
Es muy necesario visibilizar estas prácticas, denunciar a tiempo y promover un uso seguro y consciente de las plataformas digitales, para evitar así caer en estas trampas y frenar el avance de las organizaciones delictivas. Cada denuncia es un paso hacia una red más segura para todos.